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Introducción: Los restos de los Héroes en el Monumento a la Independencia, por Carmen Saucedo

En 1823, como reconocimiento y homenaje a los iniciadores de la gesta de Independencia, el Congreso declaró beneméritos de la Patria en grado heroico a Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama, Mariano Abasolo, José María Morelos, Leonardo Bravo, Miguel Bravo, Mariano Matamoros, Hermenegildo Galeana, Mariano Jiménez, Xavier Mina, Pedro Moreno y Víctor Rosales (13 en total), y ordenó que sus restos fueran exhumados para trasladarlos a la Ciudad de México y depositarlos en la Catedral de México, pero los de Abasolo, Miguel y Leonardo Bravo y Galeana no fueron localizados. De este modo, arribaron a la Ciudad de México el 17 de septiembre de 1823 las osamentas, algunas incompletas, de nueve personas.


Los restos fueron guardados de manera provisional en la cripta de la Catedral de México, bajo el Altar de los Reyes, en tanto el Gobierno fabricaba un sepulcro especial para contenerlos. Sin embargo, debido a la inestable situación política que prevaleció en nuestro país a lo largo del siglo xix, permanecieron en la cripta sujetos a la humedad y al descuido. Ello provocó que en diversas inspecciones realizadas a fines de ese siglo se reportara el deterioro de las osamentas, la degradación de las urnas y el desorden en la cripta.


Pese a que ya se contaba con la Rotonda de los Hombres Ilustres en el Panteón de Dolores al poniente de la ciudad desde 1872, y de que en este sitio se pudiera erigir un mausoleo, existía el propósito de hacerlo en un sitio especial y exclusivo. Para ello estaba prevista la construcción del Panteón Nacional junto a los terrenos del antiguo convento y huerta de San Fernando, en el que se proyectó un monumento para albergar los restos de los Héroes, pero la falta de recursos y los problemas técnicos que se presentaron durante la cimentación impidieron su conclusión.


Preocupados por el estado en que se hallaban, la sociedad obrera La Gran Familia Modelo propuso a las autoridades la extracción de los restos para colocarlos en un sitio más digno. Fue así como luego de varias gestiones se acordó la construcción de un monumento funerario en la capilla de San José, dentro de la misma Catedral, en la nave del lado poniente, adonde fueron trasladados en 1895, en medio de grandes ceremonias y homenajes a los que acudió mucha gente. Además de las osamentas de los Héroes ya mencionados, en 1903, fue colocada en este monumento la de Nicolás Bravo.


Desde años atrás, diversas personas y organizaciones cívicas habían insistido en que los restos debían reposar en un lugar especial, fuera de los espacios sagrados de la Catedral, es decir, se hablaba de la necesidad de crear un espacio secular. No sólo eso, el laicismo que llegó a un abierto conflicto con la Iglesia durante la presidencia de Plutarco Elías Calles provocó que éste se negara a entrar a la Catedral para realizar la ceremonia del aniversario de la Independencia y dispuso el traslado inmediato de las osamentas a otro sitio. Además de los restos de los Héroes que estaban en la Catedral de México, se mandaron reunir los de Vicente Guerrero, que reposaban en el Panteón de San Fernando, y los de Leona Vicario, Andrés Quintana Roo y Guadalupe Victoria, que se encontraban en la Rotonda de los Hombres Ilustres.


Para tal efecto, en el Monumento a la Independencia, inaugurado en 1910 por el general Porfirio Díaz, se acondicionó el espacio del basamento al que se le llamó Mausoleo, área en la cual se colocaron los restos de la siguiente manera: en el nicho principal, que mira al Poniente: Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Jiménez, cuyos cráneos son visibles por estar juntos en una urna de cristal. El nicho orientado al Norte, contiene los restos óseos, en sus respectivas urnas de madera, de Vicente Guerrero, Guadalupe Victoria, Leona Vicario y Andrés Quintana Roo, así como los de Xavier Mina. En el nicho sur, se encuentran los de José María Morelos, Mariano Matamoros y Nicolás Bravo, que suman nueve urnas.


Los restos óseos de los Héroes fueron medidos e inventariados sólo parcialmente por diversos estudiosos de la antropología física entre 1893 y 1895, y más tarde, entre 1911 y 1912. Desde entonces, no se han realizado estudios directos sobre los huesos.


Su traslado al Museo Nacional de Historia, en el Castillo de Chapultepec, se hace con el objeto de llevar a cabo un cuidadoso examen para evaluar su estado, elaborar un registro preciso, prever su conservación y prepararlos para su correcta exhibición en la Exposición México: 200 años. Los estudios podrían arrojar más luz sobre la vida, las enfermedades y complexión física, así como las circunstancias en que ocurrieron los decesos de los héroes que hicieron y nos dieron Patria.

 
Sigue la Gira 200 años de ser orgullosamente mexicanos, en México D.F. del 16 al 22 de diciembre en el Parque Bicentenario Azcapotzalco ( 19 y 20:30 hrs. ) * * * 21 de diciembre de 1809. Conspiración de Valladolid