Accesibilidad

  • Aumentar fuente
  • Fuente predeterminada
  • Disminuir fuente

Revolución / La emergencia de la Revolución, el anhelo , por la democracia, por Pablo Serrano Álvarez

En marzo de 1908 el presidente Porfirio Díaz le concedió al periodista norteamericano James Creelman una entrevista que apareció originalmente en la revista Pearson’s Magazine de Nueva York, y fue traducida y publicada en México en el periódico El Imparcial. De los pronunciamientos del presidente Díaz se desprendieron tres tremas fundamentales: que el presidente estaba listo para dejar el poder en las próximas elecciones de 1910, ya que consideraba a México apto para la democracia; que México estaba listo para celebrar elecciones sin que se produjeran revoluciones y asonadas o levantamientos y que apoyaba la creación de un partido político oposicionista que no destruyera al país. Aunque las declaraciones de Díaz fueron interpretadas de diversas maneras, su carga política abrió grandes expectativas en varias personalidades y grupos en el verano de ese año.
Bernardo Reyes, quien figuraba como cabeza de un movimiento que lo colocaba como sucesor del presidente en un futuro cercano, vio una oportunidad en aquel momento político, especialmente por el apoyo que entonces recibía de varios clubes electorales en el norte, el centro y el occidente del país. En agosto de 1908 se congratuló por las declaraciones de Díaz, sobre todo en lo que se refería a la organización de partidos políticos que impulsarían a ciertas personalidades a la siguiente contienda electoral. Si bien Reyes mantuvo una actitud cautelosa, por ser miembro de la élite militar porfirista, en un primer momento llegó a coincidir con ciertas posturas de Madero difundidas en la prensa, en agosto de ese año.
Los opositores magonistas, por su parte, establecieron que la única posibilidad de derribar a Díaz del poder estaba en la lucha armada. Ante la persecución y la represión sufrida en 1906 y 1907 por su participación en las huelgas de Cananea y Río Blanco, se imponía una oposición radical y violenta. Esta postura de la insurrección armada y violenta contra el sistema porfirista que se mantuvo también dentro del Partido Liberal Mexicano, no coincidía con las que habían manifestado Reyes o Madero en la prensa de la época.
Sin duda, la reacción más consistente a la entrevista Díaz-Creelman fue la de Francisco I. Madero. En diciembre de 1908 dio a conocer su libro La sucesión presidencial en 1910. El Partido Nacional Democrático, donde expresaba la necesidad de lograr el cambio político en el país mediante la fundación de un partido que organizara a la sociedad, al “pueblo dormido”. Su idea era implantar prácticas democráticas para deponer a Díaz por la vía pacífica, permitiendo una sucesión que iniciara el cambio paulatino de funcionarios, sobre todo en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial.
El libro de Francisco I. Madero fue ampliamente difundido en los primeros meses de 1909. En primera instancia Madero proponía una negociación con Díaz, que garantizara la elección, por lo menos, de la vicepresidencia. En caso contrario, el partido lanzaría candidaturas a la presidencia y a otros cargos. Para Madero, si Díaz mantenía su postura dictatorial y no respetaba el sufragio efectivo y la no reelección, México se encaminaba hacia una revolución que dañaría al país y repondría el militarismo.
El 2 de febrero de 1909 Madero envió su libro al presidente de la República —para entonces la obra ya era ampliamente conocida por la opinión pública, porque Madero se había encargado de hacerla llegar a intelectuales, periodistas y funcionarios, en México y en el extranjero—; con él, Madero brindó al presidente la posibilidad de conocer su programa político, donde incluso exaltaba la labor desempeñada por Díaz al frente del Ejecutivo. Como lo establecía en el libro, era posible la negociación y la conciliación en torno a la sucesión presidencial de 1910: estaba en sus manos pasar a la historia como un gobernante democrático que había permitido la acción de la oposición que, con el tiempo, iría escalando en todos los niveles de gobierno.
La organización del antirreeleccionismo se fue dando durante los siguientes meses. El 22 de mayo de 1909, un grupo de profesionales, intelectuales y periodistas independientes, encabezados por Madero, fundaron el Centro Antirreeleccionista de México en las calles de Tacuba en la capital del país. La lucha se emprendería por la efectividad del sufragio y la no reelección. La propaganda, la fundación de clubes en todo el país, la promoción de convenciones y la convocatoria a la participación de los ciudadanos, se enfocaron al logro del cambio de los funcionarios en todos los niveles, desde el municipal, el estatal y hasta el presidencial. Se buscaba la alianza con otras organizaciones y el apoyo a miembros del grupo gobernante, siempre y cuando éstos garantizaran la movilidad de los funcionarios en las esferas de su influencia.
Agrupados ya en un partido, los antirreeleccionistas iniciaron una amplia gama de actividades. En menos de un mes Madero inició sus giras por la República abarcando 28 ciudades de la República entre el 18 de junio de 1909 y el 2 de abril de 1910.
La fuerza que iba adquiriendo el maderismo fue impresionante. El 16 de abril, Madero se entrevistó con el presidente Díaz en su casa de la calle de Cadena número 8 para negociar con el presidente que la vicepresidencia fuera obtenida por la oposición antirreeleccionista, como lo había manifestado en su libro, pero esta negociación sería un fracaso. Con cierto desdén, ironía y burla, Díaz prometió a Madero respeto al voto y a la legalidad de la acción antirreeleccionista. Esta actitud fue captada de inmediato por Madero: no era posible negociar nada con el dictador, como los hechos lo demostrarían más tarde.
En ese mismo mes, una convención nacional transformó al Centro en Partido Nacional Antirreeleccionista. Fue entonces cuando Madero se convirtió en el candidato formal a la presidencia, junto con Francisco Vázquez Gómez como aspirante a la vicepresidencia. Esta formalización incrementó las posibilidades de triunfo electoral.
Madero inició una quinta gira el 8 de mayo y la sexta —en la que recorrió San Luis Potosí, Saltillo y Monterrey entre el 5 y el 10 de junio— se vio interrumpida con su detención en la última de estas ciudades. Durante esos recorridos, Madero se convenció de que el pueblo mexicano no estaba tan dormido como lo había considerado en su libro sobre la sucesión presidencial. La organización antirreeleccionista involucró a mucha gente: clases medias, obreros, campesinos, y sobre todo jóvenes que se identificaron con el programa maderista.
La campaña incrementó la popularidad de Madero prácticamente en todo el país. Surgieron clubes, líderes y grupos antirreeleccionistas por doquier. Tanto así que las autoridades federales, estatales o municipales empezaron a realizar una campaña de persecución y represión contra el antirreeleccionismo, que en varios estados cobró vidas, dejó heridos y provocó enfrentamientos, detenciones, encarcelamientos y expulsiones.
La proximidad de las elecciones federales mantenía crispados los ánimos de las autoridades porfiristas —las primarias se celebrarían el 26 de junio y el 10 de julio las secundarias—, por lo que Francisco I. Madero fue detenido el 5 de junio en Monterrey junto con Roque Estrada, y trasladados días después a la cárcel de San Luis Potosí. Con la detención del líder principal de la oposición antirreeleccionista las autoridades aseguraron su ausencia durante el periodo de elecciones. La persecución se incrementó en la mayoría de los estados del país. El fraude electoral fue evidente: 18 625 votos para Díaz, 196 votos para Madero en la presidencia; para el cargo de vicepresidente, 17 177 votos para Corral, frente a 187 para Vázquez Gómez. Durante la votación hubo presiones de las fuerzas del orden, errores en el padrón, casillas que no abrieron y enfrentamientos.
El 6 de octubre de 1910, ayudado por varios ferrocarrileros, Madero se fugó de la ciudad de San Luis Potosí disfrazado de mecánico. Al día siguiente cruzó la frontera norte del país por Nuevo Laredo, Tamaulipas, para llegar a San Antonio, Texas.
Fechado el 5 de octubre apareció el Plan de San Luis Potosí, que llamó a la insurrección nacional a partir de las seis de la tarde del domingo 20 de noviembre. El plan fue una reacción ante el fraude electoral y la represión de que eran objeto los antirreeleccionistas. Se optaba por la revuelta armada ante la obstinación y el autoritarismo del presidente Díaz. Líderes antirreeleccionistas como Juan Sánchez Azcona y Federico González Garza, o dirigentes como Abraham González en Chihuahua, Aquiles Serdán en Puebla, José María Pino Suárez en Yucatán o Rafael Cepeda en San Luis Potosí, ya habían considerado la necesidad de la insurrección armada desde mayo, por el encarcelamiento de Madero y la represión de que eran objeto por parte de las autoridades.
El Plan de San Luis Potosí daba una nueva orientación a la revolución maderista, que ahora se tornaba violenta por las acciones del poder absoluto de Díaz. Madero justificaba la decisión claramente:

Si os convoco para que toméis las armas y derroquéis al gobierno del general Díaz, no es solamente por el atentado que cometió durante las últimas elecciones, sino para salvar a la Patria del porvenir sombrío que le espera continuando bajo su dictadura y bajo el gobierno de la nefanda oligarquía científica que, sin escrúpulo y a gran prisa, están absorbiendo y dilapidando los recursos nacionales, y si permitimos que continúe en el poder, en un plazo muy breve habrá completado su obra, habrá llevado al pueblo a la ignominia y lo habrá envilecido, le habrán chupado todas sus riquezas y dejado en la más absoluta miseria, habrán causado la bancarrota de nuestra Patria, que débil, empobrecida y maniatada, se encontrará inerme para defender sus fronteras, su honor y sus instituciones.

Madero insistió en que el llamado a la revolución era provocado por las acciones del presidente en el pasado proceso electoral:

Por lo que a mí respecta, tengo la conciencia tranquila y nadie podrá acusarme de promover la revolución por miras personales, pues está en la conciencia nacional que hice todo lo posible para llegar a un arreglo pacífico y estuve dispuesto hasta a renunciar mi candidatura siempre que el general Díaz hubiese permitido a la Nación designar aunque fuese al vicepresidente de la República; pero, dominado por incomprensible orgullo y por inaudita soberbia, desoyó la voz de la Patria y prefirió precipitarla en una revolución antes de ceder un ápice, antes de devolver al pueblo un átomo de sus derechos, antes de cumplir, aunque fuese en las postrimerías de su vida, parte de las promesas que hizo en la Noria y Tuxtepec.

La realidad expresada en el Plan de San Luis se advertía claramente desde el libro que había escrito Madero. No había sido posible que Díaz pasara a la historia como un presidente demócrata; era indispensable la revolución armada.
Lo escrito por Madero en 1908 se estaba cumpliendo. El movimiento reyista había sido aniquilado, incluso por el mismo presidente que envió al extranjero a Bernardo Reyes; el movimiento magonista, radical desde entonces, criticaba al encabezado por Madero por su personalismo y su vocación pacifista; las demás corrientes políticas se distanciaron cautelosamente de la efervescencia, aunque buena cantidad de reyistas buscaron cobijo en el maderismo. Madero se convirtió entonces en el adalid de la libertad y la democracia, apoyado por miles de seguidores en todo el país.
Los preparativos del levantamiento armado fueron conducidos por Madero durante todo octubre de 1910 desde San Antonio, Texas. Allí acudió Aquiles Serdán— un amigo de Madero que se encontraba impaciente por iniciar la revolución armada— para participar en los últimos toques del Plan de San Luis y encabezar la Junta Revolucionaria en Puebla.
La represión y persecución gubernamentales se vieron incrementadas en los siguientes días. En la Ciudad de México y en Tlaxcala se descubrieron los planes que existían para el levantamiento en Puebla, por lo que las fuerzas estatales resguardaron edificios públicos y llevaron a cabo un plan de cateos y allanamientos, incluyendo redadas intensas de líderes antirreeleccionistas, durante el cual Aquiles Serdán se convirtió, tal y como declararía después Madero, en el primer mártir de la libertad y la democracia. Aun antes de iniciarse formalmente, la revolución en Puebla sufrió un duro golpe; también lo fue para Madero, pues entre todos sus seguidores, Aquiles Serdán tenía un lugar especial. Sin embargo el escarmiento perpetrado por las autoridades de Puebla no impidió que siguiera su curso la revolución convocada por Madero en el Plan de San Luis Potosí, sobre todo en los estados de Chihuahua, Durango, San Luis Potosí, Veracruz, Coahuila, que fueron escenarios de los primeros combates entre maderistas y fuerzas del orden. En las semanas siguientes se dieron escaramuzas en Sonora y Tabasco.
La revolución dio comienzo un domingo otoñal. La expectativa de la insurrección inquietó a los habitantes de gran parte de la República. En la Ciudad de México, sin embargo, se sentía la paz porfiriana. El mismo Díaz departió con sus familiares y amigos en el restaurante Jardín del Hotel Genève, despreocupado, aunque bien sabía que a las seis de la tarde comenzaría formalmente el movimiento.
Acompañado por diez hombres Madero cruzó la frontera, en donde se encontraría con otro grupo más numeroso para atacar Ciudad Porfirio Díaz (hoy Piedras Negras, Coahuila). Sin embargo ese grupo no llegó a la cita, por lo que Madero tuvo que ocultarse en el rancho Indio, en Texas, propiedad de un señor de apellido Allen: la primera intentona encabezada por Madero fracasó el mismo 20 de noviembre.
Madero estuvo oculto en el Paso, Texas, por varios meses, dirigiendo desde allí la insurrección. Cuando por fin pudo ingresar a territorio nacional  —en febrero de 1911— la revolución se había extendido por varias regiones. Las acciones armadas se fueron incrementando mes a mes y, para mayo de ese año, la insurrección maderista cundió en 24 estados de la República mediante diversos hechos de armas.
La debilidad del ejército federal obligó al régimen de Díaz a la aceptación del Pacto de Ciudad Juárez, que se firmó el 21 de mayo. Díaz y Corral se comprometieron a renunciar en lo inmediato, reconociendo la sucesión legítima a la presidencia, bajo el interinato de Francisco León de la Barra, que convocaría de nueva cuenta a elecciones generales. Cuatro días después Porfirio Díaz renunció a la presidencia: la insurrección antirreeleccionista conquistó su objetivo principal.
La emergencia política de la revolución, desde inicios de 1908 hasta finales de 1910, se fue sucediendo paso a paso. La persona clave de esta emergencia, sin duda fue Francisco I. Madero, el adalid de la libertad y la democracia que encabezó el derrumbe de la presidencia de Porfirio Díaz y dio cauce a una gran revolución que, desde el 20 de noviembre de 1910, fue una epopeya, una transformación radical que marcó el rumbo de la historia del siglo XX.

 
Sigue la Gira 200 años de ser orgullosamente mexicanos, en México D.F. del 16 al 22 de diciembre en el Parque Bicentenario Azcapotzalco ( 19 y 20:30 hrs. ) * * * 21 de diciembre de 1809. Conspiración de Valladolid