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Revolución / Se buscan ciudadanos independientes: fundación del Centro Antireeleccionista de México, por Luis Enrique Moguel Aquino

La casa del ingeniero Alfredo Robles Domínguez, ubicada en la calle de Tacuba número 76 de la Ciudad de México, bien pudiera llamarse “la casa de la democracia”. Ahí, desde finales de 1908, pero sobre todo en los primeros meses del año siguiente, se llevaron a cabo frecuentes reuniones convocadas por distintas personalidades, a las que asistía un público diverso para discutir un solo tema: las elecciones generales que se celebrarían a mediados de 1910.

Las declaraciones que el presidente Porfirio Díaz hizo al periodista norteamericano James Creelman a principios de 1908, en el sentido de que México estaba apto para la democracia, que no aceptaría una nueva postulación a la presidencia, y que vería con buenos ojos la formación de partidos de oposición, abrieron las puertas para que se desarrollara en los meses siguientes una inusitada y anticipada actividad política con miras a la próxima sucesión presidencial.

No obstante las declaraciones del mandatario, desde finales de ese año comenzaron a aparecer en el interior de la República, como hongos en verano, numerosos clubes políticos proponiendo las reelecciones de Díaz para la primera magistratura y de Ramón Corral para la vicepresidencia.

Por su parte, ciertos sectores le tomaron la palabra al veterano general y se dieron a la tarea de organizarse para promover algunos cambios en los próximos comicios. Comenzó a tomar fuerza una corriente que, si bien aceptaba la reelección de Díaz, deseaba que una persona distinta a Corral ocupara el puesto de vicepresidente. En su lugar proponían al entonces gobernador de Nuevo León, el general Bernardo Reyes. Se fundaron entonces numerosos clubes reyistas en el norte, el centro y el occidente del país. Fue precisamente un grupo de seguidores de este personaje el que comenzó a reunirse en el local de Tacuba 76, y fundó a principios de 1909 el Partido Democrático.

Mientras los anteriores celebraban sus sesiones, en otra parte de la misma residencia comenzó a reunirse un grupo de ciudadanos bajo la entusiasta iniciativa del rico hacendado coahuilense Francisco I. Madero. A diferencia de los “demócratas”, estos últimos habían resuelto participar en la lucha electoral oponiéndose a la reelección de Díaz y de Corral, pero sin apoyar la candidatura del gobernador neoleonés. Puede decirse que su postura era radical dentro de los marcos legales: proponían la no reelección en todos los niveles, como única forma de llevar a cabo un verdadero cambio democrático en el país.

Madero, el principal impulsor de tales reuniones, venía trabajando sobre estas ideas desde hacía algún tiempo. Había apoyado a candidatos opositores en su natal Coahuila y, como respuesta a la entrevista Díaz-Creelman, había escrito un libro titulado La sucesión presidencial en 1910. El Partido Nacional Democrático, que comenzó a circular a principios de 1909 con muy buen éxito. En él, Madero expresaba la necesidad de provocar una profunda transformación política para poner fin al poder absoluto de Díaz, que había terminado por aniquilar el espíritu cívico del pueblo. Para conseguirlo —escribió— era necesario concientizar a ese “pueblo dormido” y organizarlo en un partido político que diera la lucha electoral pacífica y favoreciera las prácticas democráticas. Así se lograría el cambio paulatino de funcionarios, tanto de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial federales, como de otros niveles de gobierno en los estados y en los municipios. En La sucesión presidencial, Madero resumió su propuesta con el lema “Libertad de sufragio, no reelección”.

Las reuniones celebradas en esa primavera significaban para Madero el siguiente paso en su proyecto político. Pero la entusiasta respuesta que obtuvo dejaba ver también lo oportuno de su iniciativa, secundada por un grupo de ciudadanos que coincidían en ideas y empeños. La mayoría de ellos representaba a una generación y a un sector social que había nacido en el propio régimen que ahora pretendían alterar. Se trataba de jóvenes profesionistas, intelectuales y periodistas independientes, nacidos y formados durante el porfiriato quienes, desde distintas trincheras, habían ejercido la crítica o la franca oposición a sus formas y sus hombres.

A las primeras reuniones informales siguió una asamblea preparatoria celebrada el 19 de mayo de 1909, a la que asistieron varias decenas de personas. Entre ellas se encontraban figuras conocidas como Filomeno Mata, el decano de los periodistas críticos del gobierno y director del principal periódico opositor de la capital, el Diario del hogar; Paulino Martínez, también periodista combativo; Emilio Vázquez Gómez, abogado y escritor crítico de la política reeleccionista; Patricio Leyva, ex candidato independiente al gobierno del estado de Morelos, y el propio anfitrión, Alfredo Robles Domínguez, ingeniero de reconocido prestigio. En la lista también aparecían otros nombres —que poco después adquirirían mayor resonancia— como los jóvenes abogados José Vasconcelos y Luis Cabrera, así como el  ingeniero, educador y periodista Félix F. Palavicini, ya bastante reconocido para entonces.

En esa sesión se eligió la mesa directiva interina, conformada de la siguiente manera: presidente, Emilio Vázquez Gómez; secretarios, Francisco I. Madero y Filomeno Mata. Se propusieron también dos proyectos de programa que fueron entregados por el ingeniero Robles Domínguez y por Francisco I. Madero, respectivamente, y sometidos a la consideración de una comisión de cinco personas elegidas entre los asistentes. Al final, el programa propuesto por Madero se aprobó con pocas modificaciones.

El 22 de mayo, en la misma casa de Tacuba 76, se celebró la solemne asamblea en la que se adoptó dicho programa y se constituyó formalmente el Centro Antirreeleccionista de México. Los principios proclamados por la agrupación eran muy sencillos: “Efectividad del sufragio y no reelección”. El programa era igualmente sencillo y pragmático: realizar propaganda, fundar clubes antirreeleccionistas en todo el país, promover convenciones, convocar a los ciudadanos para procurar el cambio de funcionarios a todo nivel, desde municipal hasta presidencial. Declaraban también estar dispuestos a entrar en alianzas con los demás partidos.

Muy pronto, tras la creación del centro, los antirreeleccionistas comenzaron una serie de acciones para dar a conocer sus objetivos, ganar prosélitos y fundar nuevos clubes. En menos de un mes, Madero se embarcó en una de las aventuras políticas más arriesgadas en la historia de México: una serie de giras por la República en busca de ciudadanos independientes. La primera dio inicio el 18 de junio de 1909; su periplo incluyó las ciudades de Veracruz, Progreso, Mérida, Campeche, Tampico y Monterrey. A ésta siguieron otras tres en la segunda mitad del año y los primeros meses de 1910, a través de las cuales se logró efectivamente la formación de numerosos clubes políticos en casi todo el país.

Asimismo, Madero financió la publicación de un periódico que sería vocero de la agrupación: El Antirreeleccionista, a cuya cabeza quedó José Vasconcelos. También el Diario del hogar, sin duda el medio opositor más conocido, se sumó a la labor, dando difusión a los trabajos del Centro y a las opiniones que suscitó su fundación, argumentando en sus editoriales la necesidad de los cambios políticos que perseguían los antirreeleccionistas, amén de abrir sus páginas a los miembros de dicha asociación, entre ellos el propio Madero. A mediados de junio de 1909 el Diario del hogar incluyó en su cabezal la leyenda “Sufragio efectivo, no reelección”.

En noviembre de 1909 Díaz se encargó de cortar de tajo las aspiraciones políticas de Bernardo Reyes al enviarlo “comisionado” a Europa para estudiar la organización militar. Ante ello, muchos de sus seguidores decidieron sumarse a las filas del antirreelecionismo, lo que aumentó considerablemente su capital político. Entre el 15 y el 17 de abril siguiente se llevó a cabo la Convención Nacional Antirreeleccionista. La pequeña asamblea de Tacuba 76, reunida un año antes, había rendido ya sus frutos, al despertar y organizar a ese “pueblo dormido”, que meses más tarde se convertiría —según el mismo Díaz— en un tigre desatado.

 
Sigue la Gira 200 años de ser orgullosamente mexicanos, en México D.F. del 16 al 22 de diciembre en el Parque Bicentenario Azcapotzalco ( 19 y 20:30 hrs. ) * * * 21 de diciembre de 1809. Conspiración de Valladolid