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Independencia / ¿Conmemoración?, por David Guerrero Flores

La pregunta simple y directa recorrió en un instante el auditorio. Cronistas de barrio, literatos, profesores de escuelas públicas, empresarios, empleados de oficina, etnólogos historiadores, politólogos, amas de casa, feministas de la nueva ola y estudiantes de preparatoria se reunieron atendiendo la convocatoria de don Fidel Anáhuac Cortés, organizador del Foro “México Nuevo”, en la comunidad de Progreso, Milpa Alta, Distrito Federal.

Inquieto a sus 72 años, don Fidel es un profesor retirado que ha seguido día con día el pulso de las conmemoraciones del Bicentenario de la Independencia nacional y el Centenario de la Revolución mexicana. Conserva en su estudio una colección envidiable de notas y reportajes publicados en los periódicos, además de multitud de grabaciones de radio y televisión sobre temas de historia de México. En su escritorio reposa el fichero de su modesta pero bien surtida biblioteca. Nunca faltan los libros que solicita en préstamo de las bibliotecas públicas a las que tiene acceso. Redacta notas con una letra menuda y firme, como sus convicciones y su pensamiento.

Mexicano como el que más, don Fidel quiere contribuir en el debate y la reflexión sobre las conmemoraciones de la historia nacional. Su sobrino Miguel Francisco lo puso al alcance de la nueva tecnología y, contrario a lo que podría imaginarse, en menos de un año supo familiarizarse con las computadoras y con el manejo y administración de una página de Facebook, que a la fecha tiene 7221 seguidores. Su carácter firme, pero también la seriedad y el escrúpulo de su vocación, le han permitido aglutinar un universo variado de gente, interesada como él, en reconocerse heredera de la historia de México.

Hombre de otro tiempo, no se conformó con acrecentar y sostener su foro virtual denominado “Historia verdadera de México”. En septiembre convocó a su aldea cibernética para conocer de viva voz sus impresiones y dar pie a un foro que diese por resultado la manifestación de iniciativas y reflexiones sobre el sentido de las conmemoraciones actuales, que se organizan en todos los rincones de nuestro país. Al efecto se prepararon mesas sobre los temas de la Independencia, la evolución de las leyes y la justicia en México, el pesimismo del ser mexicano, el neoliberalismo y su impacto en las costumbres, la cultura del consumismo, la vida del campesino y del obrero, el comercio informal, la vigencia y ocaso de la Revolución de 1910.

A lo largo de cuatro días, el auditorio de la escuela “Belisario Domínguez” de Progreso, Milpa Alta, vivió los momentos más intensos desde su inauguración en 1979. Las intervenciones, los discursos, las arengas, los debates, los silencios tan expresivos como las palabras dichas, nutrieron el podio, las mesas redondas, las escalinatas, los pasillos y el vestíbulo. La pasión y el esfuerzo por manifestar opiniones, lecturas y convicciones, inundaron al núcleo consistente de los invitados.

Entre las intervenciones destacadas cabe mencionar la del señor Eladio Ortiz, ex obrero jubilado, que comentó haber leído en sus ratos libres la Historia de Méjico, de Lucas Alamán, así como los tomos V y VI de México a través de los siglos,  y también la Crónica de la Revolución Mexicana,de Roberto Blanco Moheno, libros que compró en descuento en el mercado de La Lagunilla de la ciudad de México. Le sorprendía la cantidad de asesinatos, traiciones, ruindades y turbulencias que tuvieron lugar en los años de las revoluciones de México. No sabía cómo conciliar la imagen que en sus años de escolapio forjó su profesor Jacinto Pérez, respecto al cura Hidalgo como Padre de la Patria, siendo que innegablemente había alentado la matanza de españoles en Guanajuato y en Guadalajara. No comprendía cómo, siendo un sacerdote, José María Morelos y Pavón había engendrado tres hijos, uno de ellos en plena guerra de Independencia. Más aún, cómo su vástago Juan N. Almonte se volvió seguidor del emperador Maximiliano de Habsburgo, atentando así contra la Independencia que su padre se había esforzado por conseguir. En cuanto al tema de la Revolución, el señor Eladio no podía entender cómo Francisco I. Madero dejó de ordenar el fusilamiento del dictador Porfirio Díaz, que durante su cruel mandato hizo célebre la expresión “Mátalos en caliente”. Finalmente, le causaba enorme confusión y hasta migraña advertir que Madero, Emiliano Zapata, Pancho Villa, Felipe Ángeles, Venustiano Carranza y Felipe Carillo Puerto, entre muchos otros, habían sido asesinados. Con voz emocionada, aseguró que la historia patria era una historia de matanza, destrucción, asesinatos y traiciones y ésta era la historia que falsamente se enseñaba a los niños en la escuela.

En otro momento, tomó la palabra Nidia Flores, costurera de oficio, para comentar que las mujeres no tenían una presencia importante en la historia de México. Recién había escuchado las biografías radiofónicas de Josefa Ortiz de Domínguez, Leona Vicario y Carmen Serdán. Despertaron su interés y terminó por darse cuenta que el género femenino apenas formaba parte de algunas notas del pasado nacional. En sus palabras: “Creo que doña Josefa es importante porque la encerró su marido y entonces le dio por dar de zapatazos para pedir que avisaran al capitán Allende y a don Hidalgo que los habían descubierto en sus planes de independencia. Doña Leona perdió toda su riqueza por amor a su marido, Quintana Roo, y la pobre hasta dio a luz en una cueva. Las mujeres en la bola de la Revolución cargaban con metates y chamacos, listas para preparar la comida del día y rezar por que no les mataran al marido. Creo que para las mujeres la historia ha sido puro miedo y sacrificio. Yo soy costurera y me gustaría saber qué hacían mis ancestras  (sic) en la gran revolución”.

Don Benito Gómez, abogado en funciones, refirió que, a lo largo de su vida profesional en el ramo de lo civil, había atendido muchos casos y escuchado otros tantos en juzgados y tribunales. Aseguró que México contaba con leyes sabias y códigos muy precisos, fruto de generaciones y generaciones de políticos, abogados y legisladores, que han procurado la instauración de un estado de derecho. No obstante, le parecía que la justicia era un ideal que no se concretaba todavía en los hechos. En sus palabras: “Hay leyes y derecho, es verdad, pero la justicia y el derecho están del lado de quienes pueden pagar los mejores abogados. No hace mucho leí unas palabras de Ignacio Ramírez, que no recuerdo bien, pero advertía que la justicia era para los que visten de frac, no para los que se cobijan con manta. Los de frac pagarán un abogado que disimule sus delitos de cuello blanco. En cambio, los que visten de manta sufrirán los cargos de un fiscal que hará lo posible por conseguir que la ley los castigue y les arrebate la libertad”. Desde los tiempos de Hidalgo, hasta los de Venustiano Carranza, la igualdad y la justicia han sido palabras que relucen en el ideario de México, pero es inocultable que también la inequidad y la injusticia son asunto de todos los días en México. Tales fueron los pensamientos con los que cerró su intervención el abogado Gómez.

Cierran este muestrario las palabras de la adolescente Fernanda López, que lamentaba haber reprobado un examen oral en la materia de civismo, porque no supo responder al profesor qué significaba la independencia. Según sus palabras: “Yo no entiendo qué es la independencia, pues desde que nacemos nunca somos libres. Nos educan, nos visten, nos dan de comer y nos mandan a la escuela sin preguntarnos si queremos tal o cual cosa. Ps, ¿dónde está la libertad o la independencia? Ora, traen la independencia por aquí y por allá, y suena muy bonito que somos un país independiente, pero de qué nos sirve si en la historia nos han violentado la independencia (sic). A mí me da mucho coraje leer en los libros que México perdió la mitad de su territorio en una guerra contra Estados Unidos. Don Max, como lo llama mi maestra de historia, también hizo su imperio en México. Y luego los gringos estacionaron sus barcos y cometieron desmanes en Veracruz en tiempos de la Revolución. Ahora, nos dicen que el petróleo es nuestro, pero el precio del barril lo fijan en las bolsas de valores de Nueva York y de los países más ricos del mundo. Mis tenis están hechos en China, lo mismo que mi playera, mi mochila, mis cuadernos, mi Ipod y hasta la estampa de la virgen de Guadalupe que llevo en el monedero, todo está hecho en China. Y yo me pregunto, pus ¿dónde está la independencia? De la Revolución ni me pregunten, porque no sé dónde quedó. En unas hojas que leí, recuerdo que el autor decía que estaba interrumpida y yo creo que ya hasta caducó”.

Don Fidel escuchó absorto cada una de las participaciones. Comentó animado las opiniones de unos y otros, reservando sus mejores pensamientos para la clausura. Era un día de vientos ligeros pero constantes. El cielo era azul, con esas nubes que nos invitan a rememorar los borregos y las fantasías algodonadas de nuestra infancia. Excitados los ánimos, el pleno vio subir con paso firme al organizador del foro. En un pilar recargó el bastón que lo acompañaba, se colocó frente al podio, sacó una tarjeta de cartulina con sus apuntes, ajustó sus anteojos bifocales y aclaró la voz. Entonces habló, fuerte y claro: “Durante cuatro días he vivido una experiencia fascinante. He compartido sus opiniones. Me han contagiado sus dudas y sus certezas, sus tristezas y sus inquietudes. Me doy cuenta que no soy único. En el rincón severo de mi estudio he leído mucho y pensado todavía más, pero necesitaba interlocutores vivos, tangibles, con emociones reflejadas en sus manos y en sus rostros. Los libros tienen una riqueza infinita, pero carecen del calor de una conversación entre personas.

Me asombran sus opiniones y sus verdades me dejan atónito. Cada uno ha manifestado su opinión con el valor y el coraje de quien tiene algo que decir y lo expresa. La historia de México no es, desde luego, un cuento de hadas. Es contradictoria y caprichosa, como la vida misma. De hecho, la historia es la suma de la vida misma. Es la suma de las acciones, los pensamientos, los ideales, las luchas, los combates, las conquistas, las derrotas, las muertes, las esperanzas, los renacimientos, las resoluciones. Es cierto que para construir ha sido necesario destruir y hacer la guerra, afirmación que no justifica en modo alguno los excesos cometidos en el pasado. Es cierto que las mujeres no están muy presentes en los viejos libros de historia, pero están y es preciso descubrir sus andanzas, que no siempre han sido de sufrimiento, pues en la vida de todos los días también hay alegría. Sin mujeres no habría crianza, ni orden en las casas, ni enseñanza en tantas escuelas, ni un mando en muchas esferas de la sociedad. Están ahí y hay que descubrirlas y valorizarlas como la mitad de nuestros congéneres.

Es verdad que la justicia, la libertad y la independencia no se muestran inmaculadas en las páginas de nuestra historia, pero están presentes, vivas, portentosas. Animaron y animan las acciones de las personas. Sin estos valores no seríamos jamás los mismos, no tendríamos la oportunidad para decidir nuestro futuro, para proponer y construir nuestras formas de gobierno. Sin estos valores no podríamos dialogar justamente como lo estamos haciendo. El diálogo y la posibilidad de reunirnos para intercambiar opiniones, sólo es posible porque somos ciudadanos libres, porque tenemos unos derechos legados por las generaciones del pasado. Libertad, igualdad, justicia y democracia están en nuestros pensamientos y subyacen a nuestras acciones, como una realidad tangible o como una meta por alcanzar.

Me escuchan con atención y en este momento, antes que la voz se me quiebre y las piernas se rindan, los invito a conocer y reconocer su pasado. Si están aquí, presentes, si hemos dialogado, es porque nos interesa saber, porque buscamos respuestas y nos inquieta reconocernos en el pasado. ¿Están dispuestos a conmemorar a México, en medio de su diversidad, de sus logros y de sus paradojas? La respuesta queda en sus adentros y en sus voces”.

Crónica del auditorio escolar “Belisario Domínguez”,
28 de diciembre de 2009, día de los Inocentes
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Sigue la Gira 200 años de ser orgullosamente mexicanos, en México D.F. del 16 al 22 de diciembre en el Parque Bicentenario Azcapotzalco ( 19 y 20:30 hrs. ) * * * 21 de diciembre de 1809. Conspiración de Valladolid